De tener que mirar el reloj a ganar tiempo para vivir y producir más: el cambio que trajeron tres robots a un tambo cordobés
“Antes, ni siquiera podía comer la torta en una fiesta de 15; me tenía que volver al tambo. Ahora fui, me quedé hasta el final, volví y me acosté a dormir”. La a...
“Antes, ni siquiera podía comer la torta en una fiesta de 15; me tenía que volver al tambo. Ahora fui, me quedé hasta el final, volví y me acosté a dormir”. La anécdota de Nélida Andrada (foto), responsable del manejo del tambo San Ignacio, en Arroyo Algodón, Córdoba, resume mejor que cualquier indicador el cambio que atraviesa el establecimiento desde hace cinco meses, cuando incorporó tres robots de ordeñe Lely.
La transformación no se limita a los litros producidos ni a la tecnología instalada. También modificó la rutina de quienes trabajan en el campo, la forma de gestionar los animales y la percepción sobre lo que puede ofrecer un sistema de producción lechera más automatizado, y ello decidieron transmitirlo abriendo su tambo a otros productores días atrás.
El encuentro reunió a productores interesados en conocer más sobre los beneficios de robots ordeñadores“Nos largamos a un sueño, porque antes lo veíamos muy distante”, contó Álvaro “Vasco” Ugartemendía, al recordar la decisión tomada en 2024 para avanzar hacia la robotización. El proyecto se concretó con financiamiento del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), mediante una línea de crédito en litros de leche, junto con un programa del Gobierno de Córdoba que contempló el reintegro de tasas de interés y el acompañamiento de Lely.
Más leche, más sólidos y vacas que deciden
El establecimiento pasó de un tambo convencional de 24 bajadas, distribuidas en dos líneas de 12 puestos, a un esquema con tres robots: un Astronaut y dos equipos convencionales de la marca. Actualmente, trabaja con unas 170 vacas.
Los primeros resultados productivos son contundentes. Según Andrada, el promedio pasó de 17 litros diarios por vaca a una producción que ronda los 29 a 30 litros. Ugartemendía, por su parte, destacó otra variable que considera central: los sólidos de la leche, un aspecto también relevante teniendo en cuenta que una rama de su actividad económica también es la quesera, ya que también es titular de la pyme láctea Lácteos Capilla del Señor.
“Antes teníamos entre 720 y 750 gramos de sólidos y hoy estamos por encima de 800”, explicó, al referirse a los valores de producción por vaca que hoy manejan bajo el nuevo concepto del tambo.
El «vasco» Ugartemendía abrió las tranqueras del tambo para mostrar su evolución con los robots de ordeñePara el productor, una de las claves está en el bienestar animal y en la posibilidad de reducir la competencia entre las vacas. En el nuevo modelo, cada animal decide cuándo acercarse al robot, mientras que la alimentación combina pastoreo, silo de alta calidad, rollos y balanceado suministrado según el mérito individual.
“Las propias nutricionistas son ellas mismas”, resumió Ugartemendía, quien observa que las vacas pueden organizar mejor sus tiempos de alimentación y ordeñe. Actualmente, registran entre 2,7 y 2,8 ordeñes diarios por animal.
Esa libertad también se refleja en los días de lluvia. Mientras en el sistema anterior las condiciones climáticas podían complicar la rutina y reducir la producción, el productor observa que con los robots las vacas continúan acercándose voluntariamente a ordeñarse.
El trabajo cambió: del reloj a los registros
La transformación también se advierte en las tareas cotidianas. Andrada, que está al frente del manejo de los animales y participa activamente en la inseminación, destaca la información que el sistema ofrece desde el celular.
Los reportes permiten identificar vacas que requieren atención, seguir indicadores de salud y anticipar situaciones que necesitan intervención. Incluso, mediante los datos de actividad de los animales, el sistema puede advertir cambios de comportamiento compatibles con la proximidad de un parto.
“Te ayuda mucho, porque prevenís antes de que la vaca se te enferme”, señaló Andrada, quien reconoce que todavía están aprendiendo a interpretar todas las herramientas disponibles.
Para Ugartemendía, la tecnología no llegó para reemplazar a las personas, sino para modificar sus funciones y mejorar sus condiciones de trabajo. Quienes antes dedicaban tiempo a determinadas tareas rutinarias hoy pueden enfocarse en otras actividades productivas.
Un ejemplo concreto es la elaboración de reservas forrajeras. Al disponer de más tiempo, el equipo incorporó una línea para fabricar rollos propios y evalúa la posibilidad de prestar ese servicio a otros productores.
“Los que manejaban el mixer hoy tienen tiempo de sobra”, contó el productor, que ve en esa reorganización una oportunidad para diversificar el trabajo sin abandonar la actividad lechera.
Cinco meses de aprendizaje y nuevas preguntas
San Ignacio abrió sus puertas durante las jornadas de Tranqueras Abiertas organizadas por Lely, donde otros productores pudieron conocer el funcionamiento de los equipos y la gestión de los lotes de animales.
Ugartemendía valoró el intercambio y las devoluciones recibidas, aunque reconoce que el proceso recién comienza. Todavía hay aspectos del sistema que generan preguntas y decisiones que deberán ajustarse con la experiencia.
Sin embargo, a cinco meses de la puesta en marcha, su evaluación va más allá de la inversión o del incremento productivo. Destaca el comportamiento tranquilo de las vacas, la mejora en los sólidos, la información sanitaria y, especialmente, el tiempo que recuperan las personas.
Por su parte, el Farm Management Support de Lely, Juan Monge, dialogó con TodoLecheria sobre lo acontecido en el evento y la tecnología adoptada por el establecimiento. Además, valoró la posibilidad de realizar encuentros de este estilo, que permiten a los productores ver los robots en acción y de cerca.
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